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Numancia

En España, hoy es miércoles el 18 de octubre de 2017.
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Imágenes de Numancia (reload for more)

Tened, rromanos, sosegad el brio,
y no os canseis en asaltar el muro;
con que fuera mayor el poderio
vuestro, de no bençerme estad seguro.
–Bariato, (ll. 654-657, Comedia del çerco de Numançia, 1582)

Información del fondo

El cuento de Numancia

Por los años 218 a.E.C. los ciudadanos de una pequeña ciudad en el norte de España se destacaron como verdaderos patriotas. La ciudad era Numancia (población aproximadamente 4000), la ocasión, el sitio de la ciudad por las legiones romanas.

A causa de su atrevida resistencia hace mucho tiempo, y por su apoyo de otra ciudad celtíbera, Segeda, Numancia estaba condenada a muerte. Escipión Emiliano, el famoso general romano y héroe de las batallas de Cartago, fue enviado a España para asegurar la destrucción total de aquel advenedizo pueblo. Las fuerzas romanas—unos 60,000 soldados—rodearon la ciudad, construyeron murallas, abrieron fosos, desviaron las aguas del río Duero, y siguieron con continuas maniobras para impedir que los habitantes se escaparan o que recibieran auxilios. «Pronto van a rendirse», declaró el arrogante general romano. «La población se ve diezmada. Los defensores sufren del hambre, de la falta de agua, de enfermedades. Tienen pocas armas. No tienen esperanza de auxilio alguno. Poco tiempo les queda para capitular. Les he mandado un ultimátum. Si no se rinden dentro de quince minutos, vamos a quemar la ciudad, reducirla a cenizas y matar a los vivientes.»

Decir numantino es decir heroísmo salvaje. Mientras Escipión se pavoneaba confiadamente delante de sus tropas, detrás de los muros se desarrollaba una escena diferente.

«¡Mientras hay vivos, Numancia no se rinde!» —gritó uno de los defensores.

«¡Mejor muerto que prisionero!» gritó otro. «Pueden sacarme los ojos y cortarme los brazos antes de forzarme a saludar a esos animales.»

«A los numantinos no se puede arrancarles los corazones.» —añadió otro.

«¿Rendirnos? ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!» corearon los demás.

«¡Coraje!» —pronunció uno de los líderes entre los asediados. «Les propuse una paz honrosa, pero Escipión la rechazó. Ahora nos dan quince minutos para rendirnos o van a quemar la ciudad. Yo digo que la quememos nosotros y que sobran los quince minutos.»

Y así lo hicieron los valientes numantinos. Durante una hora los habitantes mismos pusieron antorchas a todos los edificios, a todas sus posesiones, y dieron fuego a toda la ciudad. Hecho esto, se dieron la muerte a si mismos, las mujeres prefirieron suicidarse o perder la vida a manos de sus parientes más bien que caer en poder del ejército enemigo. Algunos se arrojaron a la hoguera. Muy muy pocos numantinos sobrevivían cuando por fin entró a la ciudad el arrogante general.

El heroísmo del pueblo celtíbero de Numancia perdura a través de los siglos como una de las hazañas más inspirativas en la gloriosa historia de España.

(el texto original que inspiró lo de arriba vino originalmente de Galería de Arte y Vida © 1997 Glencoe/McGraw Hill, con modificaciones por el profesorado)

Comprensión

  1. ¿Cómo se llamaba el general enviado para asegurar la destrucción de Numancia?
  2. ¿Cuál fue su fama antes de Numancia?
  3. ¿Qué hicieron las tropas romanas para impedir que los habitantes de Numancia se escaparan?
  4. ¿Qué ultimátum les mandó el general de los romanos?
  5. ¿Cómo era la situación detrás de las murallas numantinas?
  6. ¿Cómo respondieron los ciudadanos al ultimátum?
  7. ¿Qué prefirieron hacer las mujeres?
  8. ¿Qué encontraron los romanos al entrar en la ciudad al final del asedio?

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